La sarcopenia es un síndrome asociado al envejecimiento que se caracteriza por una pérdida progresiva de fuerza, masa muscular y rendimiento físico. Su desarrollo es multifactorial e intervienen aspectos como la edad, el nivel de actividad física, la alimentación y los cambios en la composición corporal a lo largo de su vida. Entre estos últimos, la cantidad y distribución de la grasa corporal pueden desempeñar un papel relevante.
“La grasa abdominal no se distribuye de la misma forma en todas las personas ni tiene las mismas características según se acumula bajo la piel o alrededor de los órganos”, explica Anna Pedret, investigadora del grupo de investigación en Nutrición Funcional, Oxidación y Enfermedades Cardiovasculares (NFOC-Salut) de la Universidad Rovira i Virg. El grupo estudia, junto con investigadores del Instituto de Investigación Biomédica Catalunya Sud, y con la participación del Hospital Universitario Sant Joan de Reus y la Universidad de La Rioja, la relación entre esta distribución de la grasa y diferentes indicadores de salud. En un trabajo anterior, ya se había analizado su relación con alteraciones metabólicas, y ahora ha estudiado su asociación con diferentes parámetros relacionados con la sarcopenia.
La nueva investigación, publicada en la revista Frontiers in Endocrinology , se ha realizado con 72 personas de entre 60 y 74 años del entorno del Camp de Tarragona, 49 de las cuales eran mujeres. Las investigadoras han estudiado la cantidad y distribución de la grasa abdominal mediante ecografía, diferenciando entre el tejido adiposo visceral (VAT), situado alrededor de los órganos, y el tejido adiposo subcutáneo (SAT), que se encuentra bajo la piel. Claudia Jiménez-ten Hoevel, primera firmante del artículo, destaca las ventajas de la ecografía respecto a los métodos de evaluación habituales: «Las medidas habituales como la circunferencia de cintura o el índice de masa corporal no nos permiten saber cómo se distribuye la grasa dentro del organismo. Gracias a la validación de la ecografía para hacer este tipo de medidas.
Para evaluar el estado muscular y la capacidad funcional de las personas de la muestra, las investigadoras midieron tres aspectos: la masa muscular, la fuerza de prensión de la mano y el rendimiento físico, con el test de velocidad de la marcha.
Los resultados muestran que la distribución de la grasa abdominal se asocia de forma distinta con los parámetros relacionados con la sarcopenia según el sexo. Tanto en hombres como en mujeres, una mayor cantidad de grasa visceral (VAT) se asoció con una mayor masa muscular, pero también con menor fuerza muscular. En las mujeres, además, la grasa subcutánea abdominal (SAT) fue el único tipo de grasa que se asoció con un peor rendimiento físico.
Estos resultados ponen de manifiesto que, más allá de la cantidad de grasa acumulada, también es importante su distribución, sobre todo en el contexto del envejecimiento y la salud muscular. Por eso, el equipo defiende que tener en cuenta la distribución de la grasa abdominal aporta información relevante para evaluar los diferentes componentes de la sarcopenia.
Una forma accesible de estudiar la grasa abdominal
Uno de los intereses del estudio es el uso de la ecografía para determinar la distribución de la grasa abdominal. Actualmente, en la práctica clínica habitual, el riesgo asociado a la grasa abdominal se evalúa mediante el perímetro de la cintura. Sin embargo, esta medida es tan sencilla como limitada, ya que no permite distinguir entre grasa subcutánea y visceral. Las técnicas de imagen como la resonancia magnética o la tomografía computarizada ofrecen esta información con gran precisión, pero tienen un elevado coste, requieren equipamientos especializados y no son fácilmente accesibles en la atención primaria.
La ecografía, en cambio, es una técnica no invasiva y más accesible que permite estimar la grasa visceral y subcutánea: «Nos permite diferenciar los compartimentos de la grasa abdominal de una manera no invasiva y más accesible que otras técnicas de imagen. Esta información puede complementar medidas habituales como la circunferencia de cintura o el índice Jiménez-ten Hoevel.
Referencia: Jiménez-ten Hoevel C, Gironès I, Nicolás-Marzo J, Besora-Moreno M, Queral J, Valls RM, Pérez-Matute P, Motilva MJ, Llauradó E, Solà R y Pedret A (2026) Distribución de la grasa abdominal evaluada por ultrasonido y su relación con los parámetros de sarcopenia en adultos mayores jóvenes de la comunidad: un estudio transversal . Frente. Endocrinol. 17:1888492. doi: 10.3389/fendo.2026.1888492
Un estudio liderado por investigadores del ámbito clínico del Hospital Universitario Sant Joan de Reus y del Grupo de Autoinmunidad, Infección y Trombosis del IRB CatSud y la Universidad Rovira i Virgili, identifica el perfil lipídico, determinado durante las primeras 24 y 48 horas tras el ingreso en la Unidad de Cuidados en pacientes con sepsis que han requerido un control invasivo precoz del foco infeccioso.
El trabajo, publicado recientemente en la revista BMC Infectious Diseases (2026) con el título “Admission lipid profile and outcomes in sepsis requiring early invasive source control” , es el primero que evalúa de forma específica el valor del perfil lipídico en la evolución de los pacientes con sepsis. Los lípidos, que incluyen el colesterol y otras grasas presentes en la sangre, desempeñan un papel importante en la regulación de la respuesta inflamatoria e inmunitaria y el estudio analiza este papel en pacientes que habían recibido un control precoz de la infección mediante procedimientos invasivos. En el estudio se incluyeron pacientes con distintos tipos de infecciones graves, tales como infecciones urinarias, abdominales y de la piel.
Ingresados en la UCI entre 2016 y 2023
La investigación, de carácter observacional y retrospectivo, se ha llevado a cabo a partir de pacientes ingresados en la UCI del Hospital Universitario Sant Joan de Reus entre los años 2016 y 2023. En total, se analizaron los datos de 150 pacientes adultos que cumplían los criterios diagnósticos de sepsis y que disponían de 4 determinaciones del perfil el ingreso. Los resultados muestran que los pacientes que no sobrevivieron presentaban un patrón metabólico más desfavorable, caracterizado por concentraciones más bajas de colesterol HDL-C, LDL-C y colesterol total, así como mayores niveles de triglicéridos e hipoalbuminemia.
Uno de los resultados más destacados del estudio es que los pacientes que presentaban niveles más bajos de colesterol HDL-C (colesterol bueno) durante las primeras horas de ingreso en la UCI tenían un mayor riesgo de morir durante la hospitalización. Esta asociación se mantenía incluso después de tener en cuenta otros factores clínicos y aunque el foco de la infección hubiera sido controlado de forma adecuada y precoz. Además, el colesterol HDL-C fue el parámetro que mostró una mayor capacidad para identificar a los pacientes con peor pronóstico. Este resultado refuerza su potencial como herramienta para ayudar a los profesionales sanitarios a detectar precozmente los casos con mayor riesgo y adaptar su seguimiento y tratamiento.
Según los investigadores, estos resultados aportan una nueva perspectiva sobre las alteraciones metabólicas asociadas a la sepsis y sugieren que la determinación precoz del perfil lipídico podría contribuir a una mejor estratificación del riesgo ya una identificación más precisa de los pacientes con peor pronóstico, incluso cuando el foco infeccioso ha sido controlado de forma.
Este estudio abre la puerta a futuras investigaciones orientadas a validar a estos biomarcadores en cohortes más amplias ya explorar nuevas estrategias terapéuticas basadas en la modulación del metabolismo lipídico en la sepsis.
El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) afecta a cerca del 2% de la población en los países occidentales, suele empezar en la adolescencia y se diagnostica aproximadamente tres veces más a menudo en mujeres que en hombres. Se caracteriza por una inestabilidad persistente en las emociones, en las relaciones con los demás y en la imagen de uno mismo, asociándose a menudo a conductas autolesivas y a un riesgo elevado de suicidio. A pesar de su gravedad, no existe ningún fármaco aprobado específicamente para tratarlo y sus bases biológicas siguen siendo poco conocidas. Ahora, un consorcio internacional, con participación del Hospital Universitario Institut Pere Mata (HUIPM) y el Instituto de Investigación Biomédica Catalunya Sud (IRB CatSud), ha identificado por primera vez regiones del genoma asociadas de forma consistente con este trastorno. El estudio, publicado en la revista Nature Genetics, es el mayor análisis genético realizado hasta ahora sobre el TLP y el primer estudio de este tipo sobre un trastorno de la personalidad que obtiene resultados concluyentes.
El trabajo ha combinado datos de 27 estudios clínicos, biobancos y cohortes poblacionales de 14 países, coordinados desde el Central Institute of Mental Health de Mannheim (Alemania) en el marco del Psychiatric Genomics Consortium. El grupo de investigación Genética y Ambiente en Psiquiatría (GAP), del HUIPM-IRB CatSud-URV y el CIBERSAM, ha participado con una de las dos cohortes independientes que han servido para confirmar los resultados obtenidos en el análisis principal. También han contribuido otros grupos del CIBERSAM, entre ellos los del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y el Hospital Universitari Vall d’Hebron.
El estudio ha identificado en total, 11 regiones del genoma y nueve genes que podrían contribuir al desarrollo del trastorno. Asimismo, estima que las variantes genéticas comunes analizadas explican en torno al 17% de la susceptibilidad al trastorno. Este resultado confirma que el TLP tiene una arquitectura poligénica, es decir, que está causado por el efecto conjunto de muchísimas variantes de pequeño efecto, exactamente como ocurre con la esquizofrenia, la depresión o el trastorno bipolar.
El análisis muestra también que el riesgo genético del TLP se solapa de forma notable con el de otros trastornos mentales, especialmente el trastorno de estrés postraumático, la depresión y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, así como con la conducta antisocial y las medidas de suicidio y autolesión. Sin embargo, se han detectado coincidencias con enfermedades físicas como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la diabetes tipo 2, la obesidad y la hipertensión. Este hallazgo es especialmente relevante porque una parte importante de la reducción de la esperanza de vida de las personas con TLP se atribuye a problemas de salud física, reforzando la necesidad de un abordaje asistencial que tenga en cuenta el conjunto de la salud de la persona.
Elisabet Vilella, responsable del grupo de investigación Genética y Ambiente en Psiquiatría (GAP), explica que «estos resultados demuestran que el TLP tiene una base biológica comparable a la de otros trastornos mentales graves y es una evidencia que debería ayudar a reducir el estigma que todavía pesa sobre las personas que lo padecen y sus familias».
Los autores sitúan estos resultados en un punto equivalente al de los primeros estudios genéticos de la esquizofrenia de hace quince años, que empezaron identificando unas pocas regiones antes de que la colaboración internacional y las mayores muestras multiplicaran los hallazgos. Señalan también dos limitaciones importantes: todas las muestras analizadas son de ascendencia europea, por lo que es necesario ampliar la investigación a poblaciones diversas, y las puntuaciones de riesgo genético derivadas del estudio son una herramienta de investigación que no permite predecir el riesgo individual ni realizar diagnósticos. Los resultados del trabajo se han puesto a disposición de la comunidad científica para facilitar posteriores estudios y, a largo plazo, contribuir al desarrollo de tratamientos.
Referencia bibliográfica:
Streit, F., Awasthi, S., Hall, A. S. M., et al. Genome-wide association analyses of borderline personality disorder identify 11 loci and highlight shared risk with mental and somatic disorders. Nature Genetics (2026). https://doi.org/10.1038/s41588-026-02654-3. Published: 20 July 2026
Un estudio liderado por el Sistema de Emergencias Médicas de Cataluña (SEM), en colaboración con el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses del Departamento de Justicia y Calidad Democrática, el Instituto de Investigación Biomédica Cataluña Sur (IRB CatSud), el Hospital Universitario Sant Joan de Reus, la Universidad Polivica y Virgili, la Universidad Polivica y Virgili, concluye que la supervivencia de las mujeres después de una muerte súbita cardíaca es aproximadamente la mitad de la registrada en los hombres.
La investigación, publicada recientemente en la revista científica Resuscitation Plus , concluye que las mujeres no sólo sobreviven con menor frecuencia después de una muerte súbita cardíaca, sino que también presentan un perfil clínico diferenciado respecto a los hombres que puede condicionar la prevención, el tratamiento y la supervivencia.
Las diferencias afectan a aspectos tan diversos como la edad en la que se produce el episodio, los ritmos cardíacos iniciales, las causas que originan la parada cardíaca y algunos antecedentes clínicos que pueden tener un papel relevante durante la valoración y el tratamiento de los pacientes.
El estudio, realizado en el marco del Registro de paros Cardíacos y Muerte Repentina de Cataluña ( RAIMCAT ) analizó 639 casos de muerte súbita cardíaca producidos entre 2014 y 2017, de los que 191 eran mujeres, un 29,9% del total. Los resultados muestran una supervivencia del 4,2% en las mujeres frente al 9,9% en los hombres. El trabajo también concluye que las mujeres presentaron menos ritmos desfibrilables —ritmos de paro cardíaco en los que está indicada la aplicación de una descarga eléctrica con un desfibrilador— que los hombres (21% frente al 36%) y recibieron menos intentos de reanimación.
Estos resultados indican que la muerte súbita cardíaca no es una patología homogénea y que incorporar la perspectiva de sexo puede contribuir a mejorar tanto la prevención como las estrategias diagnósticas y terapéuticas.
«La muerte súbita cardíaca no se manifiesta igual en mujeres y hombres. Entender estas diferencias es esencial para adaptar las estrategias preventivas, los protocolos asistenciales e incrementar las posibilidades de supervivencia», destaca el dr. Youcef Azeli del Sistema de Emergencias Médicas e investigador principal del estudio.
El análisis de los 639 casos de muerte súbita cardíaca muestra una menor incidencia en las mujeres. Sin embargo, su probabilidad de sobrevivir es sensiblemente inferior a la de los hombres, aproximadamente la mitad.
El estudio pone de manifiesto que las mujeres llegan al episodio de muerte súbita con unas características distintas. De media, tienen una edad más avanzada que los hombres cuando se produce la muerte súbita (74 años respecto a 66 años), presentan con menor frecuencia ritmos desfibrilables —los que ofrecen mayores posibilidades de éxito con una desfibrilación precoz— y sufren determinadas causas de muerte en mayor proporción.
Entre estas causas, destaca la embolia pulmonar, que es más de cuatro veces más frecuente en las mujeres que en los hombres (13,3% frente al 3%). También se observa una mayor carga de trastornos psiquiátricos que en los hombres (15% respecto a 9%), más antecedentes de consumo de alcohol (25% respecto a 16%), y una mayor presencia de antidepresivos (11% respecto a 2%)
Los autores destacan que la embolia pulmonar podría estar infradiagnosticada en mujeres durante la reanimación, lo que limita el uso del tratamiento trombolítico en el momento del paro. El estudio subraya también la necesidad de un seguimiento cardiovascular más estrecho mediante electrocardiogramas, especialmente para controlar el intervalo QT, en mujeres en tratamiento con fármacos psicotrópicos, sobre todo si también consumen alcohol.
El estudio ha estado liderado por el Sistema de Emergencias Médicas de Cataluña (SEM), con el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cataluña como principal socio científico, y ha contado con la colaboración del Instituto de Investigación Biomédica Cataluña Sur (IRB CatSud), el Hospital Universitario Sant Joan de Reus, la Universidad Rovira iCili Gol y otras instituciones.
La investigación se enmarca en el Registro de paros Cardíacos y Muerte Repentina de Cataluña (RAIMCAT), que integra datos asistenciales del SEM, información clínica hospitalaria, datos procedentes de las autopsias judiciales y de la red de atención primaria. Esta aproximación permite reconstruir el proceso completo de la muerte repentina cardíaca y obtener una perspectiva única en Europa y mucho más global.
Azeli Y., Barbería E., Solano-Muñoz S., Landín I., Fernández A., Rey-Reñones C., García-Gual C., Gomez-Tortosa A., Granado-Fuente E., Fernández-Sender L., García-Vilana S., Bonet G., Jiménez-Fà
Un estudio liderado por la URV, con la participación del IRB CatSud, concluye que una dieta rica en fibra y cereales integrales reduce el riesgo de muerte, especialmente por cáncer, en personas con alto riesgo cardiovascular
Durante años, buena parte del debate sobre los hidratos de carbono se ha centrado en la cantidad. Sin embargo, cada vez existen más evidencias de que la calidad de los alimentos que los aportan puede ser determinante para la salud. Un estudio internacional de la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB-CatSud) y el CIBEROBN concluye que las personas que consumen hidratos de carbono de mayor calidad presentan un menor riesgo de mortalidad, especialmente por cáncer. La investigación, publicada en la revista Food & Function, destaca la importancia de priorizar alimentos ricos en fibra, como las frutas, las verduras, las legumbres, los frutos secos y los cereales integrales, frente a los productos elaborados con harinas refinadas o las bebidas azucaradas.
El equipo investigador ha trabajado con datos de 7.210 participantes del proyecto PREDIMED, uno de los ensayos clínicos más importantes sobre dieta mediterránea y salud cardiovascular. Todos los participantes —hombres de entre 55 y 80 años y mujeres de entre 60 y 80 años— presentaban un alto riesgo cardiovascular y fueron seguidos durante un periodo medio de seis años. Durante ese tiempo se registraron 425 fallecimientos, de los cuales 169 se debieron al cáncer y 103 a enfermedades cardiovasculares.
Más allá de la cantidad de hidratos
Para evaluar la calidad de los hidratos de carbono de la dieta, el equipo investigador utilizó el Carbohydrate Quality Index (CQI), que combina cuatro características de los alimentos ricos en hidratos de carbono: el contenido en fibra, la proporción de cereales integrales respecto a los refinados, el índice glucémico —es decir, la velocidad con la que un alimento eleva la glucosa en sangre— y la proporción de hidratos de carbono procedentes de alimentos sólidos en comparación con las bebidas azucaradas. El objetivo fue evaluar la calidad global de la dieta y no limitarse a contabilizar los gramos de hidratos de carbono consumidos.
Los resultados revelan que las personas de la muestra que siguieron una peor dieta —en lo que respecta a la calidad de los hidratos de carbono que consumían— presentaron un 28 % más de riesgo de morir por cualquier causa y un 48 % más de riesgo de morir por cáncer que aquellas con un consumo de hidratos de carbono de mejor calidad. «Tradicionalmente se ha prestado mucha atención a la cantidad de hidratos de carbono de la dieta, pero nuestros resultados indican que su calidad puede ser aún más relevante para preservar la salud y aumentar la esperanza de vida», subraya Jordi Salas-Salvadó, catedrático distinguido de Nutrición de la URV, investigador ICREA y coautor del estudio.
La fibra y los cereales integrales, responsables de los beneficios
El análisis también ha permitido identificar qué componentes de los hidratos de carbono de calidad tienen mayor peso en esta asociación. Los beneficios se explican principalmente por un mayor consumo de fibra y de cereales integrales. De hecho, las personas con una menor ingesta de fibra presentaban un 51 % más de riesgo de morir por cualquier causa y un 72 % más de riesgo de morir por cáncer. También se observó un aumento del riesgo entre los participantes que consumían menos cereales integrales, mientras que el índice glucémico, analizado de forma aislada, no mostró una relación significativa con la mortalidad.
Según los investigadores, estos beneficios podrían explicarse porque los alimentos vegetales ricos en fibra también aportan vitaminas, minerales y otros compuestos bioactivos que contribuyen a mejorar la salud metabólica y a reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Por ello, concluyen que una estrategia sencilla para mejorar la salud consiste en priorizar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, y reducir el consumo de bebidas azucaradas y productos elaborados con harinas refinadas.
Referencia: Vázquez-Lorente H, Nishi SK, Shyam S, Martínez-González MA, Corella D, Estruch R, Ros E, Gómez-Gracia E, Fiol M, Lapetra J, Serra-Majem L, Esteve-Luque V, Babio N, Fitó M, Toledo E, Sorlí JV, Zazpe I, Salas-Salvadó J. Carbohydrate quality index and mortality risk in older adults at high cardiovascular risk. Food & Function. 2026;17:4404-4414.
El deterioro cognitivo es uno de los principales desafíos asociados al envejecimiento. Aunque forma parte del proceso natural de hacerse mayor, factores como la obesidad, el síndrome metabólico o las enfermedades cardiovasculares pueden acelerar la pérdida de funciones como la memoria, la atención o la capacidad de planificar y tomar decisiones. Cada vez existe más evidencia de que la alimentación puede contribuir a preservar la salud cerebral. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Institut de Recerca Biomèdica CatSud (IRBCatSud) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) ha observado que una mayor ingesta de colina y betaína se asocia con una evolución más favorable de algunas funciones cognitivas en personas mayores con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico.
El estudio, publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, se ha llevado a cabo con datos de 6.610 participantes del proyecto PREDIMED-Plus, uno de los ensayos clínicos más grandes de Europa sobre alimentación y estilo de vida. El equipo investigador evaluó los hábitos alimentarios y la función cognitiva de hombres y mujeres de entre 55 y 75 años durante un periodo de dos años.
La investigación se centró en dos nutrientes presentes de forma natural en diversos alimentos: la colina y la betaína. La colina es un nutriente esencial implicado en la formación de las membranas celulares y en la producción de acetilcolina, un neurotransmisor fundamental para procesos como la memoria y el aprendizaje. Está presente principalmente en los huevos, el pescado, las carnes magras y los productos lácteos. La betaína, que deriva de la colina, participa en diferentes procesos metabólicos y de protección celular, y es especialmente abundante en los cereales integrales, las espinacas, la remolacha y algunos mariscos.
Mejor evolución de la atención, el lenguaje y la función ejecutiva
Los resultados muestran que las personas con una mayor ingesta de colina presentaron una evolución más favorable de la atención y del lenguaje a lo largo de los dos años de seguimiento. Paralelamente, una mayor ingesta de betaína se asoció con una mejor evolución de la función ejecutiva —el conjunto de capacidades que permite planificar, resolver problemas o tomar decisiones— y también del lenguaje. Las asociaciones fueron especialmente evidentes entre los participantes con los consumos más elevados de estos nutrientes.
«Nuestros resultados sugieren que nutrientes presentes en alimentos de consumo habitual pueden contribuir a preservar determinadas funciones cognitivas durante el envejecimiento», explican Héctor Vázquez-Lorente y José María Manzanares-Errazu, primeros autores del estudio e investigadores del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV.
Para Jordi Salas-Salvadó, investigador principal del proyecto PREDIMED-Plus y catedrático de Nutrición de la URV, este trabajo refuerza la importancia de la dieta más allá de la salud cardiovascular: «Cada vez disponemos de más evidencia de que la alimentación también influye en la salud cerebral. Nuestros resultados indican que nutrientes como la colina y la betaína podrían contribuir al mantenimiento de algunas funciones cognitivas durante el envejecimiento».
Los investigadores consideran que promover patrones alimentarios ricos en alimentos que aporten colina y betaína podría formar parte de futuras estrategias nutricionales orientadas a preservar la salud cognitiva durante el envejecimiento. No obstante, subrayan que serán necesarios estudios con un seguimiento más prolongado para confirmar estos beneficios y determinar hasta qué punto pueden contribuir a prevenir el deterioro cognitivo y la demencia a largo plazo. El estudio ha sido liderado por Héctor Vázquez-Lorente y José María Manzanares-Errazu como primeros autores, y por Lidia Daimiel y Jordi Salas-Salvadó como autores sénior. También han participado investigadores de numerosas instituciones españolas integradas en el consorcio CIBER-PREDIMED-Plus.
Referencia: Vázquez-Lorente H, Manzanares-Errazu JM, Babio N, Ruiz-Canela M, Corella D, Hernando J, et al. Dietary Choline and Betaine Intake and 2-year Changes in Cognitive Function in Older Adults With Overweight or Obesity and Metabolic Syndrome: A Prospective Cohort Analysis. Am J Clin Nutr. 2026 May;123(5):101265. doi: 10.1016/j.ajcnut.2026.101265. Epub 2026 Mar 11. PMID: 41825530; PMCID: PMC13197923.
La diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina afectan a millones de personas en todo el mundo y aumentan considerablemente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y otras patologías crónicas. Sin embargo, todavía no se conocen del todo los mecanismos biológicos que explican por qué estas alteraciones metabólicas se asocian con un menor índice de supervivencia. Un estudio internacional liderado por investigadores de la Universidad Rovira i Virgili, el Instituto de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud) y el CIBER de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) ha identificado una serie de patrones moleculares presentes en la sangre que permiten detectar a las personas con mayor riesgo de mortalidad.
La investigación, publicada en la revista Metabolism , se ha desarrollado en el marco del proyecto PREDIMED y se basa en la metabolómica, una disciplina que analiza cientos de moléculas del organismo para obtener una fotografía detallada de su funcionamiento. Estas moléculas, llamadas metabolitos, son producto de los procesos metabólicos del cuerpo y contienen información sobre factores genéticos, alimentación, estilo de vida o estado de salud de una persona.
El equipo investigador analizó muestras de plasma —fracción líquida de la sangre en las que flotan las células sanguíneas— de cerca de 700 personas de edad avanzada con un elevado riesgo cardiometabólico. Mediante técnicas avanzadas de espectrometría de masas, examinaron cientos de metabolitos e identificaron a 31 asociados a la diabetes tipo 2 y 105 relacionados con la resistencia a la insulina.
A partir de estos datos, los investigadores construyeron dos firmas metabolómicas, es decir dos huellas biológicas que reflejan los cambios del metabolismo cuando se desarrolla diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina. Los resultados muestran que las personas con una presencia más marcada de estas firmas presentaban un riesgo significativamente superior de morir durante el período de seguimiento.
Más concretamente, los participantes con una huella metabólica asociada a la diabetes tipo 2 tenían un 52% más de riesgo de mortalidad por cualquier causa. En el caso de resistencia a la insulina, este incremento fue del 33%. Además, los investigadores identificaron varios metabolitos comunes a ambas alteraciones, que también se asociaban a peor pronóstico.
Para comprobar la solidez de los resultados, el equipo investigador replicó el análisis en tres grandes cohortes independientes de Estados Unidos, que contienen datos recopilados durante décadas: los estudios Nurses’ Health Study I , Nurses’ Health Study II y Health Professionals Follow-up Study . Esta validación externa confirmó a las asociaciones observadas inicialmente en la población mediterránea de PREDIMED.
«Estos resultados nos ayudan a entender mejor los mecanismos biológicos que conectan las alteraciones del metabolismo de la glucosa con riesgo de mortalidad», explica Jesús F. García Gavilán, investigador del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV. El investigador, primer firmante del artículo, también pone de manifiesto el potencial de la metabolómica: «Si reunimos suficiente evidencia, los metabolitos pueden ser una gran herramienta para determinar el nivel de riesgo de un paciente, e incluso abrirían la puerta a adoptar estrategias de prevención precisas y personalizadas».
El estudio es fruto de una amplia colaboración internacional entre instituciones de España y Estados Unidos, entre ellas la URV, el IRB CatSud, el CIBEROBN, la Universidad de Navarra, la Facultad de Salud Pública TH Chan de la Universidad de Harvard y el Broad Institute. La investigación ha estado liderada por investigadores del grupo ANUT-DSM de la URV, el IRB-CatSud y el CIBEROBN, y se enmarca en una línea de investigación en metabolómica impulsada a través de un proyecto de los National Institutes of Health, coordinado por los investigadores Jordi Salas-Salvadó (URV) y Frank Hu Navarra).
Referencia: García-Gavilán JF, Paz-Graniel I, Pérez-Acosta JA, Ruiz-Canela M, Li J, Clish C, et al. Perfiles metabolómicos de la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina y sus asociaciones con la mortalidad total . Metabolism. 2026;156599.
Las variantes genéticas que favorecen una mayor fertilidad pueden haberse mantenido a lo largo de la evolución humana, aunque también aumenten el riesgo de padecer enfermedades y se asocien con una menor esperanza de vida. Esta es la principal conclusión de un estudio que contribuye a explicar por qué la selección natural no ha eliminado muchas variantes genéticas relacionadas con enfermedades comunes.
El trabajo, liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-Universitat Pompeu Fabra) y con la participación del Hospital Universitari Institut Pere Mata, el Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud y el Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), se ha publicado en la revista científica Nature Ecology & Evolution. La investigación ha analizado datos genómicos a gran escala para estudiar la relación entre la fertilidad, la longevidad y la predisposición genética a 62 enfermedades.
Los resultados indican que la selección natural tiende a maximizar la fertilidad durante la edad reproductiva. Por este motivo, favorece variantes genéticas que incrementan el éxito reproductivo, aunque estas mismas variantes conlleven un mayor riesgo de desarrollar enfermedades o una menor longevidad en etapas posteriores de la vida.
“Los resultados ayudan a entender por qué la selección natural no ha eliminado muchas variantes asociadas a enfermedades comunes que tienen un gran impacto sobre la salud”, explica el Dr. Arcadi Navarro, director general del Barcelonaβeta Brain Research Center, responsable del Grupo de Investigación en Genómica e investigador principal del IBE (CSIC-UPF). “Algunas de estas variantes podrían haber sido favorecidas porque incrementaban el éxito reproductivo de nuestros antepasados, aunque esto implicara un coste para la salud o una menor esperanza de vida más adelante”, añade el también catedrático e investigador ICREA de la UPF y coautor de correspondencia del estudio.
Los investigadores han observado que las variantes genéticas asociadas simultáneamente con una mayor fertilidad y con un mayor riesgo de enfermedad presentan señales claras de haber sido favorecidas por la selección natural. Este patrón se observa tanto en periodos recientes como en escalas evolutivas que abarcan los últimos 50.000 años.
Los datos sugieren, por tanto, que las ventajas reproductivas asociadas a algunas variantes genéticas podrían haber compensado, desde un punto de vista evolutivo, sus efectos perjudiciales sobre la salud futura. Por término medio, los alelos (es decir, las distintas variantes que puede presentar un gen) asociados con un mayor riesgo de enfermedad también se relacionan con una mayor fertilidad y una menor longevidad.
El análisis a escala individual muestra que, entre las personas con un riesgo genético más elevado
de sufrir enfermedades, hay diferencias según si la enfermedad aparece de joven (como el autismo) o en la edad adulta (como el glaucoma).
Durante la etapa en que las personas pueden tener hijos, las que tienen un riesgo genético alto, pero no llegan a enfermar tienden a tener más. En cambio, cuando la enfermedad aparece en la edad adulta, pasa el contrario: las personas que acaban desarrollando la enfermedad son también las que han tenido más hijos. “Esto se explica porque enfermar de joven, durante los años en que se puede tener hijos, tiene un coste reproductivo alto; en cambio, cuando la enfermedad aparece en la edad adulta, este coste es menor, porque en aquel momento la mayoría de las personas ya se han reproducido”, señala Eva Brigos Barril, investigadora predoctoral del IBE (CSIC-UPF) y primera autora del estudio.
Esto no significa que las enfermedades de inicio tardío aumenten la fertilidad, sino que algunas de las variantes genéticas que incrementan su riesgo también podrían haber favorecido el éxito reproductivo durante la juventud.
Una nueva perspectiva evolutiva sobre la salud humana
La investigación se enmarca en la teoría de la historia vital, que estudia cómo los organismos distribuyen unos recursos limitados entre funciones como el crecimiento, la reproducción y el mantenimiento del organismo.
“Una de las grandes preguntas de la genética es por qué siguen existiendo variantes que aumentan el riesgo de padecer una enfermedad. Nuestro trabajo aporta evidencias de que, en algunos casos, estas variantes también proporcionan ventajas reproductivas”, destaca el Dr. Gerard Muntané, investigador del Hospital Universitari Institut Pere Mata y del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili, investigador colaborador y profesor de la Universitat Pompeu Fabra.
En este contexto, la teoría de la pleiotropía antagonista plantea que una misma variante genética puede tener efectos beneficiosos en una etapa de la vida y efectos perjudiciales en otra. Por ejemplo, una variante puede favorecer la reproducción durante la juventud y, al mismo tiempo, incrementar el riesgo de desarrollar una enfermedad durante la vejez.
El nuevo estudio aporta el análisis genómico más amplio realizado hasta la fecha en humanos para poner a prueba esta hipótesis. Los resultados refuerzan la idea de que la selección natural prioriza los efectos que se producen antes o durante la edad reproductiva, mientras que tiene una menor capacidad para eliminar variantes que provocan consecuencias perjudiciales en etapas posteriores.
Esta perspectiva ayuda a responder a uno de los grandes interrogantes de la genética evolutiva humana: por qué siguen existiendo de forma tan generalizada variantes genéticas que incrementan el riesgo de padecer enfermedades comunes y que tienen un coste importante para la salud.
Según los resultados, la respuesta se encontraría, al menos en parte, en el hecho de que algunas de estas variantes también han aportado ventajas reproductivas. Por tanto, su persistencia no sería una anomalía evolutiva, sino el resultado de un equilibrio entre los beneficios durante la edad fértil y los costes que aparecen más adelante.
Artículo de referencia:
Brigos-Barril E, Vasallo C, Farré X, et al. Genetic trade-offs in fertility and longevity explain the maintenance of disease-associated alleles in humans. Nature Ecology & Evolution (2026). DOI: 10.1038/s41559-026-03140-z.
Una investigación a cargo de personal investigador del Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud), la red de CIBER CIBERobn (Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición) y la Universitat Rovira i Virgili (URV) se ha centrado, en el marco de un estudio publicado en la revista científica Andrology, en la calidad de la dieta vinculada con la calidad espermática y se ha concluido que los hombres que tienen una ingesta de frutos secos regulares tienen una mejor calidad espermática.
El estudio ha trabajado con una muestra de hasta 222 hombres sanos de entre 18 y 40 años participantes del proyecto internacional llamado Led-Fertyl. Se trata de un estudio transversal centrado en los factores dietéticos y de estilo de vida relacionados con la calidad del semen. Para analizar la relación entre el consumo de frutos secos y la calidad espermática, los investigadores recopilaron información detallada sobre los hábitos alimentarios de los participantes mediante cuestionarios nutricionales validados y la compararon con los resultados de sus seminogramas, la prueba clínica utilizada para evaluar parámetros como la concentración, el recuento o la movilidad de los espermatozoides.
Los participantes con un consumo más elevado de frutos secos presentaban menos probabilidades de mostrar alteraciones en la movilidad de los espermatozoides, uno de los factores que pueden afectar la fertilidad masculina. Más concretamente, el equipo investigador apunta que los hombres que consumían una ración diaria tenían un 75% menos de probabilidades de presentar problemas de movilidad espermática y un 69% menos de riesgo de tener alguna alteración en el seminograma.
Referencia del estudio
Dávila-Córdova E, Babio N, Valle-Hita C, Fernández de la Puente M, Beltran-Arasa A, Cebrián-Puig M, Fambuena-Perez V, García-Serrano I, Murphy MM, Salas-Salvadó J, Salas-Huetos A. Nut Consumption and Sperm Quality in Healthy Men: Results From the Led-Fertyl Study. Andrology. 2026. https://doi.org/10.1111/andr.70204
Tomar decisiones precipitadas, actuar sin valorar suficientemente las consecuencias o dejarse llevar por impulsos momentáneos son algunas de las manifestaciones de la impulsividad. Este rasgo psicológico se ha relacionado a menudo con conductas poco saludables, como el tabaquismo, el consumo de sustancias, así como con problemas de salud mental y una peor calidad de vida. Sin embargo, hasta ahora existían pocas evidencias sobre cómo se puede modificar la impulsividad en personas mayores sin trastornos psiquiátricos diagnosticados.
Ahora, una investigación liderada por personal investigador de la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) ha demostrado que una intervención que combina una dieta mediterránea hipocalórica, actividad física regular y apoyo conductual puede reducir los niveles de impulsividad. Los resultados se han publicado en Psychotherapy and Psychosomatics, una de las revistas de referencia internacional en los campos de la psicología y la psiquiatría.
El estudio se basa en el análisis de los datos de 306 participantes de PREDIMED-Plus Cognición, un subproyecto que evalúa la función cognitiva y diversos aspectos de la salud mental dentro del gran ensayo clínico PREDIMED-Plus. Las personas participantes fueron distribuidas aleatoriamente en dos grupos: uno siguió un programa intensivo de cambio de estilo de vida, con el objetivo de reforzar la adhesión a una dieta mediterránea baja en calorías, aumentar la práctica de actividad física y consolidar estos hábitos mediante estrategias de apoyo conductual; el otro grupo recibió únicamente recomendaciones generales sobre dieta mediterránea.
La impulsividad se evaluó al inicio del estudio y a lo largo de los tres años de seguimiento mediante cuestionarios de personalidad y diferentes pruebas cognitivas.
Mejora del autocontrol y de la toma de decisiones
Al cabo de tres años, las personas que habían participado en la intervención intensiva presentaron una reducción significativa, entre leve y moderada, de los niveles de impulsividad respecto al grupo control. Los resultados indican una disminución de la tendencia a actuar de forma irreflexiva y una mejora de la capacidad para valorar las consecuencias de las decisiones.
Además, los participantes mostraron una mayor predisposición a priorizar beneficios futuros por encima de recompensas inmediatas, un cambio de comportamiento especialmente relevante porque está relacionado con una mejor autorregulación y con el mantenimiento de hábitos saludables a largo plazo.
“Es la primera vez que se demuestra que una intervención multimodal puede modular la impulsividad en adultos mayores, con un potencial impacto en la prevención de futuras enfermedades crónicas”, destaca Carlos Gómez Martínez, investigador posdoctoral de Helse Vest y la Universidad de Bergen (Noruega).
Por su parte, Jordi Salas-Salvadó, catedrático de Nutrición de la URV y colíder del estudio, subraya que los beneficios de los hábitos saludables van más allá de la salud física. “Una mejor capacidad de autorregulación puede favorecer una toma de decisiones más consciente, facilitar el mantenimiento de conductas saludables en el tiempo y contribuir al bienestar psicológico”, señala.
El estudio ha sido desarrollado por personal investigador de la Unidad de Nutrición Humana de la URV, el IRB CatSud y el CIBEROBN, en el marco del proyecto PREDIMED-Plus, impulsado por diversos grupos del CIBER del Instituto de Salud Carlos III. La investigación ha contado con financiación de los proyectos europeos Eat2BeNice y PRIME, así como de otros proyectos competitivos del ISCIII.
Referencia científica
Gómez-Martínez C, Shyam S, Camacho-Barcia L, Margara-Escudero HJ, Babio N, Forcano L, Corella D, Cuenca-Royo A, de la Torre R, Jimenez-Murcia S, Pintó X, Fitó M, Fernández-Carrión R, Matura S, Franke B, Haavik J, Fernández-Aranda F, Salas-Salvadó J. Psychotherapy and Psychosomatics (2026). DOI: 10.1159/000550126.