Suplementos como las vitaminas apuntan a posibles beneficios en el tratamiento de los trastornos psiquiátricos

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Un estudio liderado por el IRB CatSud y el HUIPM revisa 122 trabajos sobre compuestos como la vitamina D3 o el magnesio, en algunos trastornos psiquiátricos

 

Trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión mayor o el trastorno del espectro autista (TEA) se han relacionado en los últimos años con la disfunción mitocondrial, es decir, con una pérdida de capacidad de las células para producir la energía necesaria para su funcionamiento. Ahora, un equipo del Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB CatSud) y el Hospital Universitari Institut Pere Mata (HUIPM) ha liderado una revisión sistemática sobre el uso de suplementos nutracéuticos (como la vitamina D3, la coenzima Q10, el magnesio o diferentes vitaminas del grupo B), necesarios para la función mitocondrial, como tratamiento complementario en estos trastornos psiquiátricos.

Teniendo en cuenta que el cerebro consume alrededor del 20% de la energía del organismo, producida mayoritariamente en las mitocondrias, el equipo investigador ha evaluado si la suplementación dirigida a esta vía biológica podía traducirse en beneficios clínicos. Para ello, los investigadores han revisado artículos publicados entre enero de 2007 y abril de 2024. A partir de 2.061 registros identificados inicialmente, finalmente se han evaluado 122 estudios que cumplían los criterios de inclusión.

Entre los suplementos estudiados está la vitamina D3, el compuesto más investigado en el conjunto de patologías. Los ensayos sobre prevención de la depresión no han demostrado un efecto global, pero algunos estudios han descrito mejoras en subgrupos concretos, como personas con depresión moderada o grave o en el período perinatal. La N-acetilcisteína mostró resultados más consistentes en algunos estudios sobre esquizofrenia, especialmente en síntomas globales y funciones cognitivas. El equipo investigador subraya que: “Los hallazgos de esta revisión indican que algunos nutracéuticos podrían tener un papel prometedor como tratamiento complementario en psiquiatría, pero hacen falta ensayos clínicos más robustos, con protocolos estandarizados y biomarcadores validados de eficacia, antes de trasladar esta evidencia a la práctica clínica”, explica Juan Tortajada, primer autor del estudio y miembro del grupo de Genética y Ambiente en Psiquiatría (GAP) del HUIPM-IRB CatSud-URV.

Los autores también señalan la necesidad de incorporar factores socioeconómicos, como el nivel educativo y los ingresos, en futuras investigaciones. Estos elementos pueden influir en el acceso, la adherencia y la continuidad de los tratamientos nutracéuticos, y son clave para diseñar estrategias inclusivas en la atención psiquiátrica.

El estudio, dirigido por Lourdes Martorell y con Juan Tortajada y Bengisu Kevser Bulduk como primeros autores, se ha publicado en la revista General Psychiatry. La investigación se ha desarrollado en el marco de una colaboración interCIBER, con la participación del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER). Esta cooperación ha permitido combinar la experiencia en salud mental con el conocimiento especializado en patología mitocondrial. Glòria Garrabou (IDIBAPS, UB, HCB, CIBERER), coautora del trabajo que ha aportado una mirada traslacional, comenta que “este trabajo podría redundar en el desarrollo de nuevas aproximaciones terapéuticas para los trastornos mentales que combinaran la farmacología convencional con suplementos nutricionales”.

 

Referencia bibliográfica: Tortajada, J., Bulduk, B. K., Alfonso-Landete, B., Alcaide-Barriga, P., Ballvé-Gelonch, B., Garrabou, G., Vilella, E., Alonso, Y., Valiente-Pallejà, A., & Martorell, L. (2026). Clinical outcomes of mitochondrial-enhancing nutraceutical supplementation in psychiatric disorders: A systematic review. General psychiatry39(3), e70023. https://doi.org/10.1002/gps3.70023

El estudio ha contado con financiación del Instituto de Salud Carlos III y de la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca (AGAUR) de la Generalitat de Catalunya.